Por qué la serie decide si hay recambio

El aluminio de una ventana es perfil extruido: se fabrica empujando el metal a través de una matriz que le da su sección. Cada sistema tiene la suya, y con ella su propia geometría de canal, su cota de alojamiento y su capacidad de carga. El herraje no se atornilla encima: se aloja dentro de esa geometría.

De ahí viene el problema. Dos carros de corredera pueden parecer gemelos y diferir un milímetro en la distancia entre ejes, o dos décimas en el ancho del cuerpo. Ese milímetro no impide montarlos —entran a presión, con maña entra casi todo— pero hace que la pieza trabaje forzada, desgaste el carril y vuelva a romperse. El recambio equivocado no falla el primer día: falla seis meses después, cuando ya nadie se acuerda.

Por eso el orden de trabajo real empieza siempre igual: identificar la serie y el año de la carpintería. Algunas referencias de herraje son intercambiables entre series; otras exigen serie exacta, y no hay forma de saber en cuál de los dos casos estás si no identificas primero el sistema.

Conviene decirlo desde el principio: no siempre se consigue. Hay ventanas que no llevan ninguna marca en ningún sitio. Lo que sigue es el orden en que merece la pena buscar, del dato más productivo al más trabajoso, y qué hacer cuando no aparece ninguno.

Paso 0: clasificar antes de buscar un nombre

Antes de perseguir una etiqueta, clasifica la ventana. La tipología descarta de entrada la mayor parte del catálogo y muchas veces es todo lo que hace falta. Cuatro preguntas, en este orden:

  1. ¿La hoja desliza o gira? Si corre lateralmente sobre un carril, es corredera. Si abre girando sobre bisagras hacia el interior, es practicable.
  2. Si desliza: ¿se levanta al accionar la manilla? Las correderas normales apoyan siempre sobre las ruedas. Las elevables suben la hoja unos milímetros al girar la manilla y luego deslizan. Son sistemas y herrajes completamente distintos.
  3. Si gira: ¿solo abre de lado o también bascula por arriba? Si con la manilla en una posición abre como una puerta y en otra se inclina hacia dentro por la parte superior, es oscilobatiente y lleva un mecanismo perimetral, no un simple cierre.
  4. ¿Tiene rotura de puente térmico? Abre la hoja y mira su canto. Si ves dos perfiles de aluminio separados y unidos por unas varillas de material aislante, normalmente de otro color, la carpintería es RPT. Si el canto es una única pieza maciza de aluminio, es una serie fría.

Con esas cuatro respuestas ya estás dentro de una familia concreta. En el catálogo con el que trabajamos, por ejemplo, las correderas frías son series como GARBI o COSTA BRAVA, las correderas con rotura de puente térmico son PIRINEOS, CAT 70, MÁXIMA o la familia E-130 / E-140 / E-150, y las practicables se reparten entre frías —PLANA, CANARIAS, BALEARES— y RPT —MONTSANT, CAT 65, E-65, ACTUALITY—. Los nombres cambian según el extrusor de cada zona; lo que no cambia es la lógica de clasificación, y es esa lógica la que entiende cualquier proveedor al otro lado del teléfono.

Si quieres ver la separación por familias con más detalle, está desarrollada en ventanas de aluminio, con páginas propias para correderas, practicables y oscilobatientes.

Los cinco sitios donde puede estar escrito

Ordenados por probabilidad de éxito, no por comodidad. El primero es el que resuelve la mayoría de casos.

  1. El propio herraje. Es el dato más útil de todos y el que casi nadie mira. Cierres, carros, compases y cremonas suelen llevar la marca del fabricante y, con frecuencia, una referencia numérica grabada en el cuerpo metálico o en relieve sobre el plástico. Con esa referencia el recambio se pide directamente, sin necesidad de saber la serie del perfil. Las dos marcas habituales en carpintería de aluminio son GIESSE y STAC; en el caso de GIESSE, la tabla de referencias permite cotejar lo que hayas encontrado.
  2. La cara oculta del perfil. Al desmontar un junquillo queda a la vista una superficie que nadie ve montada, y ahí es donde a veces sobrevive una marca del extrusor. Mira también el testero del marco —el corte del perfil en los extremos— y el canto de la hoja abierta.
  3. La etiqueta del fabricante, si la ventana es reciente. Suele ir pegada en una cara que queda tapada con la ventana cerrada, en el marco o en el canto de la hoja. Muchos talleres la retiran al limpiar la obra, así que no siempre queda.
  4. La documentación de la obra. Presupuesto, factura, albarán o memoria de calidades. En una reforma o en una vivienda de obra nueva es sorprendentemente frecuente que el nombre de la serie esté escrito en un papel que sigue en un cajón.
  5. El taller que la montó. Si todavía existe, el dato lo tienen ellos y es una llamada. Es la vía más rápida de todas cuando se puede usar.

Un aviso sobre el punto dos: desmontar un junquillo con el vidrio puesto tiene su técnica y su riesgo. El junquillo va a presión y hace de tope del acristalamiento; si lo sacas por el lado equivocado, o si sueltas dos consecutivos, el vidrio puede quedar sin sujeción. Si la hoja es grande o el vidrio es doble, este no es el punto por el que empezar.

La vía documental: qué papel tiene que existir

Hay una vía que casi nadie usa y que en ventanas recientes funciona. Las ventanas y las puertas peatonales exteriores están cubiertas por una norma de producto armonizada europea —EN 14351-1:2006+A1:2010 (UNE-EN 14351-1:2006+A1:2011), «Ventanas y puertas. Norma de producto, características de prestación. Parte 1: Ventanas y puertas exteriores peatonales»—, que es la versión a la que se refiere la instrucción oficial del Ministerio de Industria sobre marcado CE de ventanas y puertas exteriores peatonales, aplicada al amparo del Reglamento (UE) 305/2011 de productos de construcción. Ese Reglamento ha sido sustituido por el Reglamento (UE) 2024/3110, pero los artículos que se citan aquí abajo siguen en vigor hasta el 8 de enero de 2040.

De ahí salen tres obligaciones con consecuencias prácticas:

  • El fabricante emite una declaración de prestaciones al introducir el producto en el mercado (art. 4 del Reglamento).
  • Debe hacer que el producto lleve un número de tipo, partida o serie, o cualquier otro elemento que permita su identificación; y si el tamaño o la naturaleza del producto no lo permiten, que esa información figure en el envase o en un documento que lo acompañe (art. 11.4).
  • Debe conservar la documentación técnica y la declaración de prestaciones durante diez años desde la introducción del producto en el mercado (art. 11.2).

Traducido a la práctica: si tu ventana es de hace menos de una década, existe un documento que la identifica y hay alguien obligado a conservarlo. Pedirlo cuesta una llamada al taller o al promotor, y da el nombre exacto del sistema sin desmontar nada.

Y la contrapartida honesta: la ventana que necesita recambio no suele ser la de hace ocho años, sino la de hace treinta. Ahí no hay etiqueta, no hay declaración y no hay taller. Para esas —que son la mayoría— se identifica por la pieza.

Cuando no hay nombre: las cotas que sí identifican la pieza

Aquí está el cambio de enfoque que resuelve el problema. El proveedor no busca «una serie»: busca una pieza. La serie es solo un atajo para llegar a ella. Si desmontas el elemento averiado y lo mides bien, muchas veces el nombre deja de hacer falta.

Qué medir en cada familia:

  • Carro o rodamiento de corredera. Distancia entre los ejes de las dos ruedas, diámetro de la rueda, ancho del cuerpo —que es lo que entra en la ranura de la hoja—, tipo de fijación (a presión, con clip o atornillado) y si tiene tornillo de regulación de altura. Y una que se olvida siempre: el perfil de la garganta de la rueda tiene que casar con el del carril. Una rueda plana sobre un carril redondeado apoya en dos puntos y se come el carril.
  • Cierre de embutir o cierre de corredera. Longitud del cuerpo, distancia entre los tornillos de fijación, cota desde el borde de la hoja al eje de accionamiento y la mano (derecha o izquierda). No olvides el cerradero: la contrapieza fija donde engancha el cierre es tan específica como el cierre, y muchas veces es la que está gastada.
  • Manilla y cremona. Mandan dos datos: el cuadradillo —la varilla cuadrada que transmite el giro— y la distancia entre los dos tornillos. En la gama de herraje del catálogo con el que trabajamos, las manetas de cremona de ventana son de cuadradillo de 7 mm y los juegos de manilla de puerta, de 8 mm. Un cuadradillo más fino que su alojamiento baila, redondea el cuadrado interior del mecanismo y acaba estropeando una pieza que estaba bien.
  • Juntas y cepillos. Estos no se piden por medida: se piden por muestra. Corta cinco centímetros de la goma vieja y llévalos. Lo que define una junta es su sección completa —el bulbo, la uña de anclaje, el talón que la sujeta en el canal— y eso no se transmite por teléfono. Del cepillo hay que medir además el alto de la fibra y el ancho de la base, y mirar si lleva aleta central.
  • Compases y bisagras de practicable. Longitud del brazo, cota del canal donde encaja y, sobre todo, peso de la hoja. El peso no es un detalle: los kits de herraje oscilobatiente se dimensionan por peso máximo admisible —en el catálogo que manejamos, por ejemplo, hay kits de 80 kg y de 130 kg—, y montar el que no toca es garantizar que la hoja se descuelgue. Para estimarlo antes de la visita está la calculadora de peso de hoja y herraje.

Para todo esto, un calibre vale más que un metro. Las cotas que deciden si una pieza encaja se juegan en décimas, y una cinta métrica de obra no las lee.

Cómo fotografiar la pieza para que la reconozcan

Buena parte de las identificaciones se resuelven hoy por foto. El problema es que casi todas las fotos que llegan son inservibles. Estas seis sí funcionan:

  • La pieza desmontada y entera, sobre fondo liso, con un metro o un calibre al lado en el mismo plano. Una foto sin referencia de escala no permite identificar nada.
  • Las dos caras. La marca casi siempre está en la cara que no se ve con la pieza montada.
  • Primer plano de cualquier número o logotipo, con luz rasante y sin flash frontal. Los grabados en relieve sobre plástico negro desaparecen con el flash y se leen perfectamente con una linterna puesta de lado.
  • El alojamiento del que sale la pieza, con la ventana abierta. El hueco identifica el sistema tanto como la pieza.
  • La sección del perfil. Si puedes fotografiar el canto de la hoja abierta mirando desde arriba, esa silueta es prácticamente la huella dactilar de la serie.
  • Una general de la ventana entera, para ver tipología, número de hojas y sentido de apertura. Es la que da el contexto a todas las demás.

Los tres errores que hacen perder el viaje

Error 1

Comprar «el que más se parece»

Entra a presión, parece que va bien y dura unos meses. Mientras tanto desgasta el carril o el alojamiento, así que la segunda reparación es más cara que la primera. El parecido visual no es un criterio técnico.

Error 2

Tirar la pieza vieja

Es la única referencia física del sistema que existe. Guárdala hasta tener el recambio montado y probado, no hasta haberlo comprado. Si el nuevo no encaja y el viejo ya no está, se empieza de cero.

Error 3

Confundir herraje con serie

La marca grabada en la manilla dice quién hizo el mecanismo, no quién extruyó el perfil. Son dos datos distintos y en una reparación suelen hacer falta los dos.

Cuándo la serie exacta no hace falta

No todo exige identificación. Hay una mitad del recambio que se resuelve por medida y muestra, sin saber el nombre de nada:

  • Cepillos, felpudos y juntas: por sección y por metro.
  • Junquillos de acristalamiento: por sección, llevando un trozo.
  • Manillas: por cuadradillo y distancia entre tornillos.
  • Tornillería y pequeño material: por medida.

Y la otra mitad, la que sí exige identificar el sistema: todo lo que va alojado dentro del perfil o soporta el peso de la hoja. Carros, cierres de embutir, cerraderos, compases, bisagras y mecanismos oscilobatientes. Ahí la geometría no perdona.

Queda el caso frontera, que además es el más frecuente en carpintería de más de veinte años: la serie está identificada pero descatalogada. Entonces no se busca el original, se busca una equivalencia que respete cota de alojamiento y capacidad de carga. Es exactamente el trabajo que se describe en herrajes y recambios, y es la razón por la que identificar la serie sigue importando aunque el fabricante ya no la haga.

Cuándo parar y llamar a alguien

Identificar es una cosa y desmontar es otra. Hay cuatro situaciones en las que insistir por tu cuenta sale caro:

  • Sacar la hoja de una corredera grande. Para acceder a los carros hay que levantar y desencajar la hoja completa, con su vidrio. El peso y la falta de agarre son la causa habitual de vidrios rotos durante una reparación casera.
  • Ventanas en altura o con la hoja hacia el exterior. El problema deja de ser técnico y pasa a ser de seguridad.
  • Mecanismos multipunto de balconera. Llevan varios puntos de cierre encadenados y un orden de reglaje; desmontar sin ese orden deja la hoja sin cerrar y la puerta inutilizable mientras tanto.
  • Cuando el perfil está tocado. Carril machacado, hoja descuadrada, marco movido. Ninguna pieza nueva arregla eso, y montarla solo retrasa el diagnóstico. Si la ventana cuesta de deslizar o no cierra después de cambiar el herraje, el problema nunca estuvo en el herraje.

Y una regla que ahorra dinero: si vas a desmontar igualmente, aprovecha para revisar juntas, cepillos y desagües del carril. La mano de obra de acceder ya está pagada; el material adicional casi nunca es lo caro. Esa lógica está desarrollada en el mantenimiento de ventanas de aluminio.

Preguntas frecuentes

¿Dónde pone la marca o la serie de una ventana de aluminio?

En la mayoría de ventanas instaladas, en ningún sitio visible. El nombre comercial de la serie es información del fabricante del perfil y del taller que montó la ventana, no una etiqueta pensada para el usuario. Los sitios donde a veces aparece algo son la cara oculta del perfil (bajo el junquillo o en el testero del marco), el propio herraje —que sí suele llevar marca y a menudo referencia— y la documentación de la obra. Si la ventana es reciente puede conservar la etiqueta del fabricante; si es de hace treinta años, casi seguro que no.

¿Cómo sé si mi ventana tiene rotura de puente térmico?

Se ve en el canto de la hoja con la ventana abierta. Una carpintería con rotura de puente térmico está formada por dos perfiles de aluminio unidos por unas varillas de material aislante, normalmente de un color distinto al del aluminio, y esa junta se aprecia a simple vista en el corte. Sin rotura, el canto es una única pieza continua de aluminio. Es el primer dato que separa dos mundos de series distintos.

¿Se puede pedir un recambio solo con una foto?

En muchas piezas sí, siempre que la foto esté bien hecha: la pieza desmontada, las dos caras, un metro o un calibre al lado en el mismo plano y un primer plano con luz rasante de cualquier número grabado. Lo que no sirve es una foto de la ventana entera desde el salón. En piezas alojadas dentro del perfil —carros, cierres de embutir, compases— la foto ayuda pero la medida manda, y llevar la pieza vieja sigue siendo lo más rápido.

Mi ventana es de los años noventa y esa serie ya no se fabrica, ¿tiene arreglo?

Muy a menudo sí. Cuando el modelo original está descatalogado no se busca la pieza idéntica sino una equivalencia que respete la cota de alojamiento y la capacidad de carga. Ese es el trabajo real: no hace falta que la pieza sea la misma, hace falta que trabaje igual. Lo que no funciona es montar la que se parece y confiar en que entre a presión.

La manilla lleva una marca grabada. ¿Esa es la serie de mi ventana?

No, y confundirlo es el error más habitual. La marca del herraje —GIESSE o STAC, por ejemplo— indica quién fabricó el mecanismo, no quién extruyó el perfil ni qué serie es. Son dos datos independientes y para una reparación suelen hacer falta los dos: la referencia del herraje para pedir la pieza y la geometría del perfil para saber si encaja.

¿Cuándo deja de tener sentido buscar el recambio?

Cuando lo que ha cedido no es la pieza sino el perfil. Un carril machacado, una hoja descuadrada o un marco que se ha movido no se corrigen cambiando el herraje: la pieza nueva vuelve a fallar porque sigue trabajando forzada. Ahí la decisión se toma sobre el estado del perfil y del vidrio, no sobre el precio del recambio.

¿Tu caso entra dentro del alcance?

Cuéntanos que elemento quieres reparar, sustituir o instalar. Responderemos con el planteamiento del servicio basándonos en las series, marcas y referencias de este catálogo.

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